MENDOZA.- Mientras lo trasladaban en el patrullero, las imágenes de los cuerpos cubiertos de sangre y tirados en el suelo no se iban de su cabeza. Aunque había dado una versión en la que señalaba a un supuesto ladrón como el autor de los crímenes, el adolescente no podía contener a su conciencia que lo iba carcomiendo de a poco. Por eso, apenas llegó a la comisaría, se quebró y confesó. "Yo lo maté, pero porque él me atacó después de matar a sus abuelos y a su madre", dijo.
La declaración del adolescente de 14 años, único sobreviviente y testigo de la masacre que conmocionó a Mendoza, dio un giro a la causa. Los investigadores ya habían comenzado a sospechar de la versión de que todo era obra de un ladrón, ya que no había indicios de que faltaran cosas en la vivienda, y tampoco podían explicarse por dónde había escapado.
Todo habría sucedido alrededor de las 21 del jueves, en la casa ubicada en la calle San Pedro del barrio 8 de Mayo, en el departamento de Las Heras, a unos 10 kilómetros de la capital mendocina.
La versión
Mónica Miguel, una docente de 49 años, había regresado de misa junto a sus padres, Alí Miguel (79) y Sara García (84) y su hijo adoptivo Ezequiel (10). El niño se encontró con un vecino que vive enfrente de su casa, y comenzaron a jugar dentro de la vivienda, según la versión final que brindó el adolescente.
Ezequiel, de repente, se dirigió hacia la cocina, tomó un cuchillo de un cajón, y atacó a su familia. Su madre, Mónica, recibió 20 puñaladas. A Alí Miguel lo acuchillaron 10 veces. Otras tantas heridas recibió su esposa. Los dos primeros murieron en el acto. Sara García falleció en el hospital.
El pequeño homicida se dirigió entonces hacia su amigo. El adolescente trató de escapar, pero ante la ferocidad de Ezequiel, forcejeó, le quitó el cuchillo y lo hirió mortalmente. El niño murió en la ambulancia, camino al hospital.
El adolescente salió corriendo de la vivienda, se encontró con un vecino en la calle a quien le contó la versión del ladrón, y cruzó hacia su casa. Su abuela, tal como reconoció más tarde a la Policía, lavó las ropas y zapatillas del menor, que estaban manchadas con sangre.
Los policías comenzaron inmediatamente a buscar al supuesto ladrón. Según los dichos del adolescente, un hombre vestido de negro y con una cicatriz en la cara había ingresado a la casa por el patio trasero, con la aparente intención de robar. El único sobreviviente de la masacre, según le había dicho al vecino al principio, logró esconderse debajo de una cama y pudo escapar de las manos del asesino.
"Se transformaba"
El padrino del niño de 10 años aseguró que el pequeño había agredido hace un tiempo a su madre y a compañeros de la escuela a la que asistía y que sufría de esquizofrenia. "Es increíble lo que pasó, pero se ve que cuando él se enfermaba se transformaba y se ponía fuera de sí, tenía mucha fuerza", afirmó Rubén Molina.
El hombre dijo que cuando ocurrían estos hechos, la madre del niño le pedía a él que la ayudara porque era a quien más le hacía caso. "Yo lo llamaba porque estaba subido arriba de un árbol y le decía 'bajate, vení, ¿qué te pasa?'", contó Molina y aseguró que la madre lo cuidaba mucho al nene.
El padrino afirmó que el chico sufría de esquizofrenia y recibía tratamiento psiquiátrico porque, incluso, había agredido a su madre golpeándola en un ojo hace algunos meses.
Agregó que el menor hacía 20 días que no iba a la escuela porque le había pegado a otros dos alumnos y desde el establecimiento le pidieron que no concurriera más. "Sus abuelos tenían miedo de que Ezequiel matara a Mónica mientras dormía", agregó Molina. También señaló que el niño había golpeado a sus abuelos en otras oportunidades, y que en mayo había amenazado de muerte con un cuchillo a su madre.
Por orden del fiscal, el adolescente quedó demorado acompañado por su abuela, que es su tutora, hasta tanto se determine lo sucedido. No obstante, por tratarse de un menor de 14 años es inimputable de cualquiera de los delitos que haya podido haber cometido. (NA-Télam-DyN-Especial)
La declaración del adolescente de 14 años, único sobreviviente y testigo de la masacre que conmocionó a Mendoza, dio un giro a la causa. Los investigadores ya habían comenzado a sospechar de la versión de que todo era obra de un ladrón, ya que no había indicios de que faltaran cosas en la vivienda, y tampoco podían explicarse por dónde había escapado.
Todo habría sucedido alrededor de las 21 del jueves, en la casa ubicada en la calle San Pedro del barrio 8 de Mayo, en el departamento de Las Heras, a unos 10 kilómetros de la capital mendocina.
La versión
Mónica Miguel, una docente de 49 años, había regresado de misa junto a sus padres, Alí Miguel (79) y Sara García (84) y su hijo adoptivo Ezequiel (10). El niño se encontró con un vecino que vive enfrente de su casa, y comenzaron a jugar dentro de la vivienda, según la versión final que brindó el adolescente.
Ezequiel, de repente, se dirigió hacia la cocina, tomó un cuchillo de un cajón, y atacó a su familia. Su madre, Mónica, recibió 20 puñaladas. A Alí Miguel lo acuchillaron 10 veces. Otras tantas heridas recibió su esposa. Los dos primeros murieron en el acto. Sara García falleció en el hospital.
El pequeño homicida se dirigió entonces hacia su amigo. El adolescente trató de escapar, pero ante la ferocidad de Ezequiel, forcejeó, le quitó el cuchillo y lo hirió mortalmente. El niño murió en la ambulancia, camino al hospital.
El adolescente salió corriendo de la vivienda, se encontró con un vecino en la calle a quien le contó la versión del ladrón, y cruzó hacia su casa. Su abuela, tal como reconoció más tarde a la Policía, lavó las ropas y zapatillas del menor, que estaban manchadas con sangre.
Los policías comenzaron inmediatamente a buscar al supuesto ladrón. Según los dichos del adolescente, un hombre vestido de negro y con una cicatriz en la cara había ingresado a la casa por el patio trasero, con la aparente intención de robar. El único sobreviviente de la masacre, según le había dicho al vecino al principio, logró esconderse debajo de una cama y pudo escapar de las manos del asesino.
"Se transformaba"
El padrino del niño de 10 años aseguró que el pequeño había agredido hace un tiempo a su madre y a compañeros de la escuela a la que asistía y que sufría de esquizofrenia. "Es increíble lo que pasó, pero se ve que cuando él se enfermaba se transformaba y se ponía fuera de sí, tenía mucha fuerza", afirmó Rubén Molina.
El hombre dijo que cuando ocurrían estos hechos, la madre del niño le pedía a él que la ayudara porque era a quien más le hacía caso. "Yo lo llamaba porque estaba subido arriba de un árbol y le decía 'bajate, vení, ¿qué te pasa?'", contó Molina y aseguró que la madre lo cuidaba mucho al nene.
El padrino afirmó que el chico sufría de esquizofrenia y recibía tratamiento psiquiátrico porque, incluso, había agredido a su madre golpeándola en un ojo hace algunos meses.
Agregó que el menor hacía 20 días que no iba a la escuela porque le había pegado a otros dos alumnos y desde el establecimiento le pidieron que no concurriera más. "Sus abuelos tenían miedo de que Ezequiel matara a Mónica mientras dormía", agregó Molina. También señaló que el niño había golpeado a sus abuelos en otras oportunidades, y que en mayo había amenazado de muerte con un cuchillo a su madre.
Por orden del fiscal, el adolescente quedó demorado acompañado por su abuela, que es su tutora, hasta tanto se determine lo sucedido. No obstante, por tratarse de un menor de 14 años es inimputable de cualquiera de los delitos que haya podido haber cometido. (NA-Télam-DyN-Especial)